Javier Álvarez – laRepúblicaCultural.es
Utopía es el
nuevo espectáculo de Leo
Bassi. Se trata de un texto crítico con
nuestra sociedad y que nos llama a actuar. La
obra comienza con la aparición de Bassi llevando
su cabeza dentro de una caja de cartón y
lanzando una advertencia a los espectadores de
derechas que pueden haber acudido a ver la
función sin saber muy bien con qué se van a
encontrar. Les dice que sus ideas peligran,
capaces de dar un vuelco debido a la vehemencia
con la que él expondrá sus convicciones, todas
ellas izquierdista, y que aún están a tiempo de
abandonar la sala. También nos avisa que se
trata de un guión en construcción, en el que
están todas las ideas plasmadas, pero al que
falta rodaje.
Prevenidos ya todos, se
convierte en un ciego anticapitalista que
celebra la crisis actual bebiendo cava. Con
dicha excusa nos cuenta los antecedentes de la
propia crisis, para insinuarnos delicadamente
que los banqueros se han estado riendo de
nosotros. Sabemos que la derecha conserva -mira
hacia atrás- y la izquierda mira hacia delante
-progresa-. Ante este panorama, con el derrumbe
de la ideología neocon, es
el momento de reaccionar; pero, ¿quién puede
decir algo?, ¿dónde está el mensaje de la
izquierda? Se ha perdido por el camino a la vez
que las utopías socialistas. Bassi repasa la
historia del siglo XIX, el momento de la
ilustración y la curiosidad, para escarbar bajo
tierra intentando recuperar con ilusión un
pequeño hilo desde el que volver a tirar y
tramar una revolución lúdica-social. Reivindica
las utopías como necesidad, a la manera de las
zanahorias atadas a un palo que nos lleven a
hacer el mejor trayecto posible para la especie
humana.
Excepcionales son las perlas
sacadas del libro de Aznar
Cartas a un joven español o los inventos
para que las manifestaciones sean efectivas, ya
que en nuestra sociedad son los medios de
comunicación los que alteran la perspectiva
social, magnificando o minimizando todo impacto
según les convenga.
Hasta aquí un frontal intento de
hacernos recapacitar. Llega el momento de la
transformación ante el público para convertirse
en un payaso blanco que tiene la inteligencia.
Con algún toque circense final y mucha ternura
nos pide que tengamos esperanza; que la historia
es más larga de lo que podemos imaginar, desde
los hombres y mujeres que pintaban en las cuevas
paleolíticas; que nuestros actos tienen
implicaciones lejanas, como efectos mariposa;
que construyamos nuevas utopías para que puedan
ser llamas ardientes con las que otras
generaciones inicien las hogueras de las que
surgirá el cambio social.
En resumen, cumple su objetivo y
nos propone utopías frente a apatías.
Nota:
La vida de Leo Bassi suele tratar de utilizar el
simbolismo, pero remangándose para aplicarlo
directamente sobre la realidad. En el 2004
organizó un acto ejemplar en la ciudad de
Nápoles. Para acabar con la inabarcable basura
que poblaba las calles de esta ciudad, en un
solo día organizó un ejército de operarios para
limpiarlas. Posteriormente, Bassi se encargó de
empaquetar cuidadosamente toda la inmundicia en
la central de correos de Nápoles y enviarles
unos regalos a unos ilustres y muy estimados
personajes: Berlusconi, Blair, Aznar, Bush y
Sharon recibieron en sus domicilios particulares
tan peculiares presentes.
Sinopsis
por Leo Bassi
Como el Fènix que renace de sus
cenizas, la palabra Utopía ha vuelto a nuestro
léxico político después de décadas de
ostracismo. En el corto lapso de tiempo de unos
meses, la caída del modelo económico
ultraliberal y el descrédito total del sistema
bancario que lo apoyaba ha creado un vacío
ideológico que reabre el debate sobre la esencia
de nuestra sociedad.
Este hecho, imprevisible cuando
comencé a pensar en mi nuevo espectáculo, crea
un marco sorprendente e inmejorable para
apreciar la validez de los argumentos de la más
ambiciosa de mis obras: UTOPÍA, una apología sin
complejos de los verdaderos valores progresistas.
No creo que mi acierto al elegir este tema sea
sólo atribuible a la suerte.
Para mi el trabajo de un artísta
es saber escuchar a la sociedad, buscar en la
realidad las energías que fluyen y utilizar esta
fuerza para impactar al público, reivindicando
el protagonismo del Arte en el debate político:
Desde "12 de Septiembre" en el que exploraba las
razones del terrorismo, hasta "La Revelación",
espectáculo donde critico el obscurantismo de la
Iglesia Católica y de los monoteísmos, he
querido devolver al bufón su antiguo derecho a
opinar .
En UTOPÍA hay un argumento que
he ido formando a lo largo de estos últimos años:
La falta de pasión de todos los partidos de la
Izquierda institucionalizada, no sólo en España
sino en toda Europa.
Un mundo burocratizado,
profundamente aburrido en su "centrismo" y que
no inspira nada a las nuevas generaciones,
creando una juventud huérfana de una esperanza
política y sin rumbo y sin proyecto. No hay
calamidad mas grande para una sociedad que no
saber apreciar el idealismo y la vitalidad de
sus jóvenes. Este deseo de castigar a los
partidos "progres" tiene también otra causa, muy
personal: la increíble experiencia humana que he
vivido desde 2006 como diana de las iras de los
ultracatólicos y de la extrema derecha por mis
posiciones ateas.
En estos tres años he sufrido la
intensidad del fervor y de la exaltacion de
estos grupos constatando la diferencia abismal
entre la entrega de unos y la apatía rutinaria
de los otros. Un desfase francamente preocupante
cuando uno descubre el peligroso esperpento de
esas ideologias. Para hacerse una idea basta
leer el libro neocon-franquista del sr Aznar:
"Carta a un joven español". En un cierto modo "¡Utopía!"
nace como respuesta a las tesis históricas y
políticas del líder de la FAES.
Pero a medida que he ido
profundizando en la extraña postracion de la
izquierda actual, empezo a matizar mis
acusaciones.
Sin anticipar las sorpresas de
la obra, he encontrado razones objetivas y
poderes ocultos que han obrado con determinacion
para corromper y diluir los ideales que nacieron
con LA ILUSTRACIÓN. Retomando el hilo de la
verdadera historia de las utopías de los últimos
dos siglos, hay que romper el condicionamento
mental que nos hace renunciar a nuestros sueños
e indicar un camino para volver a creer en
nuestra capacidad de cambiar las cosas.
Quiero mostrar que vivir sin
utopía es mal vivir y, así, despertar en el
público el deseo de nuevos sueños. Hay también
en UTOPIA propuestas concretas para un mundo
mejor y hay ideas provocadoras, como la de poner
en cuestión la utilización de la fecha cristiana
del 2009 como tiempo universal, ofreciendo como
alternativa el 74.300, datación de la primera
obra de Arte encontrada en las paredes de cuevas.
Un cambio no sólo justificado
por el respeto a otras culturas, sino tambien
como excelente lección de humildad que ayuda a
poner en su auténtica perspectiva el largo
camino de la humanidad. El Tiempo y su
percepción es un argumento que vuelve a menudo
en el espectáculo. Es evidente que la utopía no
es sólo un concepto en un contexto histórico o
filosófico, sino que tiene, intrínsecamente,
otra dimensión a la cual alude su propio nombre
“U – TOPIA”: EL LUGAR QUE NO EXISTE.
Simboliza un espacio temporal
diferente donde la vida transcurre en terminos
más afines a la poesía que a la física. Por eso
el PAYASO DE LA CARA BLANCA, con su su sabiduria
antigua, su atemporalidad y su magia, es el
encargado de abrir la puerta de la utopía. Un
ser que posee una gran autoridad natural pero
que rechaza el poder y las riquezas porque es un
revolucionario genuino y pide la Luna.
Algunos piensan que hacer un
espectáculo cómico hablando de utopías y "metiendo
caña" al sistema político es un despropósito
cuando la función de la comicidad es
fundamentalmete hacer reír. Pero hay un público
dispuesto a superar la risa convencional y a
explorar todo su potencial filosófico como así
demuestra la aceptación actual de la figura del
payaso y particularmente la del BUFÓN como
símbolo de una revolución posible.
Lo que es seguro es que ¡UTOPÍA!
sorprenderá por la frescura de sus ideas
escénicas y sobre todo, por su postura política
sin complejos que anticipa con claridad la
llegada de un Nuevo HUMANISMO RELATIVISTA, mal
que le pese a la caverna conservadora.